REFLEXIÓN ONTOLOGÍCA DE LA RACIONALIDAD
Y LAS EMOCIONES EN EL CONTEXTO DEL LENGUAJE Y SUS
IMPLICACIONES COMPETITIVAS EN LA EDUCACIÓN.
Una mirada desde el Pensamiento
Humanista de Humberto Maturana
Doctorando:
Olga Rosa Benavente Carias
En
tiempos de acciones multitudinarias, desde la ambigüedad de lo humano, en sus
variadas manifestaciones, se ha generado la necesidad de evolucionar hacia los
requerimientos de los sistemas, y esta emergencia ante tiempos de cambio
condicionada por una entremezcla de relaciones, sentimientos, aptitudes y
sueños estalla en la cúspide de un nuevo pensamiento sobre la interpretación
del fenómeno humano fuera de los parámetros establecidos por el pensamiento
metafísico que ha servido de base durante largo tiempo a la forma como
observamos la vida. De modo tal, que la propuesta pos-metafísica que nos trae
el Biólogo y Pensador Chileno Humberto Maturana a través de los aportes
fundamentales del lenguaje y las emociones traspasando los límites de un
sistema simbólico como canal de comunicación y separando la racionalidad de las
emociones en el marco de la educación y la política incorpora otra mirada que
desde la perspectiva social se constituye en el lenguaje como punto fundamental
de la existencia humana.
En este sentido, la mutabilidad de lo humano como
ser racional según Maturana, ya no se concibe como una diferencia notoria que
lo distingue del animal; así pues observamos constantemente el instinto
maternal que manifiestan algunos mamíferos, o la reacción que tiene un roedor
cuando es sorprendido por alguien robándose el alimento. Por esta razón, decir
que la razón caracteriza a lo humano es una anteojera, y lo es porque nos deja
ciegos frente a la emoción que queda desvalorizada como algo animal o como algo
que niega lo racional. (Maturana: 2001, p. 8). Los seres humanos somos
racionales, tal vez desde la perspectiva del lenguaje pero el fundamento de
todo lo que hacemos es siempre emocional. Todo sistema racional se funda con
premisas aceptadas desde la emoción no desde la razón, todos los sistemas
racionales se fundan en premisas aceptadas desde los deseos, desde los gustos y
preferencias, de las emociones.
El autor en su discurso, además señala que
usualmente no reconocemos si somos emocionales o racionales nosotros mismos,
porque nos acusamos de ser no racionales o de ser muy emocional. Pero resulta
que todo lo que guía nuestro vivir son
las emociones, los gustos, los deseos, las preferencias, los miedos, eso
es lo que nos guía, hacia donde nos orientamos al vivir, depende de lo que nos
interesa, de lo que nos gusta, de lo que tememos, de lo que rechazamos, y sobre
eso hacemos sistemas racionales explicativos, tratando de darle una forma o una
argumentación lógica a lo que hacemos. Sin
embargo Maturana dice que no hay acción humana sin una emoción que la funde
como tal, y lo haga posible como acto. (Maturana Ob. Cit: 13). De modo tal
que, la emoción siempre estará hay, actuando todo el tiempo, y no es que haya
poco digamos, hay un ocultamiento del hecho de que nos mueve en ultimo termino
son las emociones, deseos, referencias, gustos, miedos, y rechazos que tenemos,
y que la argumentación racional la usamos por así decirlo, para justificar
ciertas emociones, o, para invalidar ciertas emociones, entonces es un juego
siempre en esas dos dimensiones, cuando queremos decirle al otro que tiene que
hacer lo que nosotros queremos que haga, le decimos que sea racional. Cada vez
que le digan a usted que tiene que ser racional, están diciendo; tienes que
hacer lo que yo digo. Ante las
implicaciones ontológicas citadas por el Autor, es conveniente echar un vistazo
a nuestra vida, y reflexionar acerca de si podemos vivir de manera distinta,
dado que estamos casi condenados, porque nuestro país Venezuela, está tratando de convertirse en una nación
desarrollada;encontramos entonces, en sus supuestos teóricos discursivos una
respuesta alentadora, porque afortunadamente no estamos condenados,
siempre según Maturana, podemos
reflexionar; y la reflexión consiste en el hecho de que uno se detiene un
instante, a mirar lo que está haciendo y se pregunta: ¿me gusta lo que estoy
haciendo?, pero tengo que mirarlo, y para mirarlo tengo que detenerme, tengo
que aceptar, que posiblemente no sé, no veo, entonces en ese acto de reflexión,
se abre la posibilidad de cambiar de dirección, se abre la posibilidad de darse
cuenta que en realidad no quiero lo que estoy haciendo; y esta formulación
necesita hacérsela muchos estudiantes que escogen la carrera de docencia, pues,
en este vivir en la competencia, en la lucha, el esfuerzo continuo del éxito,
no hace que hagamos mejor las cosas, no nos abre espacios de reflexión que nos
permitan escoger un camino u otro, según lo que queremos vivir, según lo que
queremos conservar en la convivencia. En este mismo orden y dirección hemos ido
generando esa cultura de convivencia, y esto está implícito desde muy pequeños,
hablamos que los niños tienen que hacer logros, que tienen que ser mejor que el
otro. Hoy día hemos modelado un discurso como, por ejemplo no decirle al niño,
tenemos que ver las cosas que haces para saber dónde estarías bien con lo que
sabes, para aprender más; y así todo seria
distinto. Otro ejemplo de esto sería en la educación Superior, hay
muchos jóvenes que orientan sus preferencias a ciertas carreras, pero su
vocación y habilidades son para otras. La burocracia, que aun reina en las
instituciones de educación superior, ha condicionado estos vicios, y entra el
más influyente, y en algunos casos el promedio cuantitativo más elevado, pero
no se estudia analíticamente las capacidades de ese estudiante para asumir la
carrera escogida. Al respecto Maturana argumenta que sí, el fuese rector de una
universidad y viene un joven, y le dice: yo quiero entrar a la universidad para
estudiar tal cosa; él le preguntaría, cuéntame, un poco lo que has hecho, y
conversamos, luego, le indicaría el camino adecuado al joven, es decir, si tú
quieres aprender esto, antes tendrías que hacer esta otra cosa, y de esta
manera, guiarlo en el camino; pero no
someterlo a un espacio de exigencia y exclusividad; como en nuestro país donde
tristemente, aun reinan las famosas y tamizadas pruebas de admisión en especial las de Educación
Superior, donde aún la exigencia entra en el competir. Pero algo muy racional,
si debo decir al respecto, que la idea de darle oportunidades a todos sin un
tamizador de admisión, no significa que se pierda la esencia de la calidad
educativa, por supuesto debe existir la
debida vocación que implica guiar bien al estudiante para que escoja la carrera
adecuada; y digo esto, porque en especial, en el ámbito educativo, observo con
mucha preocupación una cantidad de maestros graduados que por ser una opción
tan accesible que les ofreció el sistema, no fue escogida de forma racional
sino emocional. Por último, es interesante el aporte de Maturana a la educación
desde todos los espacios y ámbitos posibles, pues ante la intolerancia, plantea
la convivencia desde el punto de vista racional y emocional. Asimismo, suprime
la competencia con el camino alternativo de la colaboración, permitiendo
observar lo que hace cada cual, y
aprender de él o de ella, en esa medida el otro va a mirar lo que yo hago
porque no están en un campo competitivo.
Entonces que aparece la posibilidad de hacer algo juntos, por medio de la colaboración
en el espacio que corresponda en el cual nos encontramos. De modo tal, que si
se suspende la competencia, surgirá la colaboración, y así contribuiremos
muchísimo a la felicidad. Para esto es necesario reivindicar la vida en
comunidad y analizar muy bien los mensajes de publicidad, y los famosos y
exitosos libros de autoayuda que hablan sobre temas tales como: la fuerza es
tuya, el poder es tuyo, tú puedes ser feliz, tú eres responsable de tu propia
felicidad, esto de alguna manera tiene
un tema de trasfondo que excluye a la comunidad.
REFERENCIAS
Maturana
(2001). Emociones y Lenguaje en Educación y Política. ISBN: 956-201-087-1.Ed
Dolmen, Ee: Santiago de Chile.
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