viernes, 30 de octubre de 2015

Reflexiòn Ontològica




REFLEXIÓN ONTOLOGÍCA DE LA RACIONALIDAD
Y LAS EMOCIONES  EN EL CONTEXTO DEL LENGUAJE Y SUS IMPLICACIONES COMPETITIVAS EN LA EDUCACIÓN.
Una mirada desde el Pensamiento Humanista de Humberto Maturana


Doctorando: Olga Rosa Benavente Carias
En tiempos de acciones multitudinarias, desde la ambigüedad de lo humano, en sus variadas manifestaciones, se ha generado la necesidad de evolucionar hacia los requerimientos de los sistemas, y esta emergencia ante tiempos de cambio condicionada por una entremezcla de relaciones, sentimientos, aptitudes y sueños estalla en la cúspide de un nuevo pensamiento sobre la interpretación del fenómeno humano fuera de los parámetros establecidos por el pensamiento metafísico que ha servido de base durante largo tiempo a la forma como observamos la vida. De modo tal, que la propuesta pos-metafísica que nos trae el Biólogo y Pensador Chileno Humberto Maturana a través de los aportes fundamentales del lenguaje y las emociones traspasando los límites de un sistema simbólico como canal de comunicación y separando la racionalidad de las emociones en el marco de la educación y la política incorpora otra mirada que desde la perspectiva social se constituye en el lenguaje como punto fundamental de la existencia humana.
En este sentido, la mutabilidad de lo humano como ser racional según Maturana, ya no se concibe como una diferencia notoria que lo distingue del animal; así pues observamos constantemente el instinto maternal que manifiestan algunos mamíferos, o la reacción que tiene un roedor cuando es sorprendido por alguien robándose el alimento. Por esta razón, decir que la razón caracteriza a lo humano es una anteojera, y lo es porque nos deja ciegos frente a la emoción que queda desvalorizada como algo animal o como algo que niega lo racional. (Maturana: 2001, p. 8). Los seres humanos somos racionales, tal vez desde la perspectiva del lenguaje pero el fundamento de todo lo que hacemos es siempre emocional. Todo sistema racional se funda con premisas aceptadas desde la emoción no desde la razón, todos los sistemas racionales se fundan en premisas aceptadas desde los deseos, desde los gustos y preferencias, de las emociones.
El autor en su discurso, además señala que usualmente no reconocemos si somos emocionales o racionales nosotros mismos, porque nos acusamos de ser no racionales o de ser muy emocional. Pero resulta que todo lo que guía nuestro vivir son  las emociones, los gustos, los deseos, las preferencias, los miedos, eso es lo que nos guía, hacia donde nos orientamos al vivir, depende de lo que nos interesa, de lo que nos gusta, de lo que tememos, de lo que rechazamos, y sobre eso hacemos sistemas racionales explicativos, tratando de darle una forma o una argumentación lógica a lo que hacemos.  Sin embargo Maturana dice que no hay acción humana sin una emoción que la funde como tal, y lo haga posible como acto. (Maturana Ob. Cit: 13). De modo tal que,  la emoción siempre estará hay,  actuando todo el tiempo, y no es que haya poco digamos, hay un ocultamiento del hecho de que nos mueve en ultimo termino son las emociones, deseos, referencias, gustos, miedos, y rechazos que tenemos, y que la argumentación racional la usamos por así decirlo, para justificar ciertas emociones, o, para invalidar ciertas emociones, entonces es un juego siempre en esas dos dimensiones, cuando queremos decirle al otro que tiene que hacer lo que nosotros queremos que haga, le decimos que sea racional. Cada vez que le digan a usted que tiene que ser racional, están diciendo; tienes que hacer lo que yo digo.  Ante las implicaciones ontológicas citadas por el Autor, es conveniente echar un vistazo a nuestra vida, y reflexionar acerca de si podemos vivir de manera distinta, dado que estamos casi condenados, porque nuestro país Venezuela,  está tratando de convertirse en una nación desarrollada;encontramos entonces, en sus supuestos teóricos discursivos una respuesta alentadora, porque afortunadamente no estamos condenados, siempre  según Maturana, podemos reflexionar; y la reflexión consiste en el hecho de que uno se detiene un instante, a mirar lo que está haciendo y se pregunta: ¿me gusta lo que estoy haciendo?, pero tengo que mirarlo, y para mirarlo tengo que detenerme, tengo que aceptar, que posiblemente no sé, no veo, entonces en ese acto de reflexión, se abre la posibilidad de cambiar de dirección, se abre la posibilidad de darse cuenta que en realidad no quiero lo que estoy haciendo; y esta formulación necesita hacérsela muchos estudiantes que escogen la carrera de docencia, pues, en este vivir en la competencia, en la lucha, el esfuerzo continuo del éxito, no hace que hagamos mejor las cosas, no nos abre espacios de reflexión que nos permitan escoger un camino u otro, según lo que queremos vivir, según lo que queremos conservar en la convivencia. En este mismo orden y dirección hemos ido generando esa cultura de convivencia, y esto está implícito desde muy pequeños, hablamos que los niños tienen que hacer logros, que tienen que ser mejor que el otro. Hoy día hemos modelado un discurso como, por ejemplo no decirle al niño, tenemos que ver las cosas que haces para saber dónde estarías bien con lo que sabes, para aprender más; y así todo seria  distinto. Otro ejemplo de esto sería en la educación Superior, hay muchos jóvenes que orientan sus preferencias a ciertas carreras, pero su vocación y habilidades son para otras. La burocracia, que aun reina en las instituciones de educación superior, ha condicionado estos vicios, y entra el más influyente, y en algunos casos el promedio cuantitativo más elevado, pero no se estudia analíticamente las capacidades de ese estudiante para asumir la carrera escogida. Al respecto Maturana argumenta que sí, el fuese rector de una universidad y viene un joven, y le dice: yo quiero entrar a la universidad para estudiar tal cosa; él le preguntaría, cuéntame, un poco lo que has hecho, y conversamos, luego, le indicaría el camino adecuado al joven, es decir, si tú quieres aprender esto, antes tendrías que hacer esta otra cosa, y de esta manera,  guiarlo en el camino; pero no someterlo a un espacio de exigencia y exclusividad; como en nuestro país donde tristemente, aun reinan las famosas y tamizadas pruebas  de admisión en especial las de Educación Superior, donde aún la exigencia entra en el competir. Pero algo muy racional, si debo decir al respecto, que la idea de darle oportunidades a todos sin un tamizador de admisión, no significa que se pierda la esencia de la calidad educativa,  por supuesto debe existir la debida vocación que implica guiar bien al estudiante para que escoja la carrera adecuada; y digo esto, porque en especial, en el ámbito educativo, observo con mucha preocupación una cantidad de maestros graduados que por ser una opción tan accesible que les ofreció el sistema, no fue escogida de forma racional sino emocional. Por último, es interesante el aporte de Maturana a la educación desde todos los espacios y ámbitos posibles, pues ante la intolerancia, plantea la convivencia desde el punto de vista racional y emocional. Asimismo, suprime la competencia con el camino alternativo de la colaboración, permitiendo observar  lo que hace cada cual, y aprender de él o de ella, en esa medida el otro va a mirar lo que yo hago porque no están en un campo  competitivo. Entonces que aparece la posibilidad de hacer algo juntos, por medio de la colaboración en el espacio que corresponda en el cual nos encontramos. De modo tal, que si se suspende la competencia, surgirá la colaboración, y así contribuiremos muchísimo a la felicidad. Para esto es necesario reivindicar la vida en comunidad y analizar muy bien los mensajes de publicidad, y los famosos y exitosos libros de autoayuda que hablan sobre temas tales como: la fuerza es tuya, el poder es tuyo, tú puedes ser feliz, tú eres responsable de tu propia felicidad,  esto de alguna manera tiene un tema de trasfondo que excluye a la comunidad.

REFERENCIAS

Maturana (2001). Emociones y Lenguaje en Educación y Política. ISBN: 956-201-087-1.Ed Dolmen, Ee: Santiago de Chile.

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