AUTORA: LICDA.
SUSANA SAYEGH
DOCTORANTE – UNERG
POSTGRADO
CIENCIAS DE LA EDUCACION-AULA TERRITORIAL
ALTAGRACIA DE ORITUCO
La fenomenología
fundamentalmente tiene como finalidad primordial develar la esencia de la
conciencia, y para ello quien se inspire como investigador en su quehacer
tendrá que ostentar suficientes conocimientos sobre sus postulados, y aún así
no bastará para que los hallazgos tengan pertinencia, debido a que el
fenomenólogo, ha de estar dispuesto a comprender y sentir lo que siente el
otro, es como identificarse plenamente con el sujeto de investigación, en
términos generales ponerse en el zapato de él.
A la luz de la
premisa anterior, es preciso destacar, que desde este método el investigador se
hace de la condición humana para describirla, interpretarla y comprenderla, por
lo que debe poner de manifiesto el respeto, la tolerancia y la aceptación, en
virtud que la dignidad es el motor de arranque por lo tanto, para llegarlo a
entender es preciso entender, descubrir los significados, hábitos y prácticas del ser humano. Este método estudia
los fenómenos tal cual como son experimentados, vividos o percibidos por el hombre,
además intenta entender de manera inmediata
el mundo del hombre, ver las cosas desde el punto de vista del otro, sin
recurrir a teorías deducciones o suposiciones procedentes de otras disciplinas
tal es el caso de las ciencias naturales.
En este sentido,
la fenomenología estudia la relación que hay entre los fenómenos y la
conciencia, en ella no vemos los objetos en sí, sino cómo y cuándo es dado en
los actos intencionales, es decir; existe una correlación entre la esencia del
objeto y la esencia de la experiencia vivida intencional, pues el
objeto como fenómeno aparece como referencia directa a la conciencia y ésta a
su vez en la vivencia del fenómeno mundo, lo hace consciente.
Se da como una labor de la investigación de
las formas de la conciencia de los objetos, que se define por un acto de la
misma. Enfoca la experiencia como un todo y considera el significado como
central a ella.
Entre las
características más resaltantes de la fenomenología está que se abstiene de
formular juicios de cualquier clase que conciernan a la realidad objetiva y que
rebase los límites de la experiencia pura,
al igual que ve al propio sujeto del conocimiento no como un ser real,
sino como conciencia pura y trascendental, de donde emerge el mundo conocido, a
su vez estudia casos concretos.
Tal como lo
expresa Husserl, máximo precursor de la fenomenología, es imposible probar que
las cosas fuera de nosotros se nos presenten solo como impresiones sensibles,
por el contrario son abstracciones analíticas y por lo tanto conciencia, para
él la conciencia es un conjunto de actos que se conocen como vivencias, la
misma tiene la peculiaridad de eliminar toda referencia a una existencia real
de las cosas, es decir; la conciencia no percibe objetos reales, sino que
aprehende objetos que se denominan fenómenos, o sea toda apariencia o
manifestación material y espiritual.
Como es visto,
la fenomenología se propone reconstruir las vivencias describiéndolas apropiadamente,
esto implica que se da una reflexión fenomenológica, y por lo tanto, se hace
una descripción de las diversas vivencias sobre lo mismo hasta llegar a la
vivencia originaria, mantiene así el fenómeno realmente vivido sin dejarse
enajenar por posteriores vivencias sobre los mismos. Es decir, un acto, con su
contenido propio, con su cualidad de acto; simplemente se pone entre
paréntesis, se practica la epokhé,
la abstención de toda posición existencial, ni se afirma ni se niega ni se
duda, porque si yo afirmara o negara o dudara, cambiaría la cualidad del acto.
A manera de ejemplo; hay un principio en la
fenomenología que dice que la percepción equivale a un juicio; percibir es
percibir algo como existente: “yo en este momento los estoy viendo a ustedes y
yo al verlos, al percibirlos, los percibo como existentes”. Ahora bien,
fenomenológicamente yo no tomo posición: ni afirmo ni niego que ustedes
existan, ni lo pongo en duda, porque si lo pusiera en duda ejecutaría un acto
psíquico distinto del habitual, que es percibir: la percepción va acompañada de
la creencia en lo percibido. Pero si yo me pongo a dudar y esto sería la
posición por ejemplo escéptica, entonces cambio la cualidad del acto. Por tanto
lo que hago es simplemente poner entre paréntesis, yo me abstengo (epokhé)
de tomar posición ninguna.
En consecuencia,
la fenomenología no excluye de su interés de estudio nada de lo que se presenta
en la conciencia, sin embargo, por otro lado desea aceptar solo lo que se
presenta y precisamente así como se presenta, y este punto de partida es puesto
como base debido a que el hombre solo puede hablar de lo que se presenta en su
conciencia o vivencia. Esto indica la refutación y el rechazo a los postulados
del positivismo, por cuanto impide el verdadero acceso a lo real y a lo
auténticamente vivido al mundo vivido como tal, en pocas palabras volver a las
cosas mismas, a partir de la experiencia.
En la fenomenología, el mundo
se percibe sólo a través de nuestra conciencia, excluyendo todo lo externo a nuestra
experiencia inmediata, por eso es la ciencia de los fenómenos puros, es decir¸
que no podemos estar seguros de la existencia de las cosas independientes de
nosotros, pero sí de cómo se presentan en nuestra conciencia. Por ende, nuestra
conciencia juega un rol activo, dado que no registra el mundo de manera pasiva
sino que lo constituye. Para Husserl y otros fenomenólogos, el objeto no existe
sin el sujeto humano para contemplarlo. Este método de excluir todo lo que no
sea inmanente a la conciencia se llama reducción fenomenológica y tiene como fin llegar a comprender
la esencia pura del objeto, que se conoce como la abstracción eidética, que
precisamente reduce no ya a las vivencias, sino a las esencias de las vivencias
de la conciencia pura.
Finalmente, se considera que no se
puede abordar el conocimiento de las cosas de la misma manera que el sujeto se
conoce a sí mismo. Con los actos trascendentes el sujeto aprehende las cosas
del mundo a través de la percepción externa, con los actos inmanentes el sujeto
aprehende las vivencias del ‘yo’ a través de una representación, como es el
caso de una reflexión, pues una vivencia interna necesita de un soporte que le
muestre su realidad y dicha vivencia la construye el sujeto en las reflexiones
que hace.
A manera de ilustración tomamos el
siguiente ejemplo: cuando una persona siente miedo, no sabe qué es el miedo,
sólo sabe que tiene miedo. Es necesario para que su reflexión del miedo sea
válida, que su vivencia del miedo siga siendo la misma a través de las experiencias
cotidianas, así el sujeto retiene su vivencia de miedo para que permanezca
idéntica en el transcurso de las vivencias venideras. Puede recordar el miedo
de ayer, imaginarlo y reflexionar sobre él todas las veces que sea necesario,
esto porque la vivencia sobre la cual se reflexiona -en este caso el miedo- no
tiene variación alguna, la vivencia del miedo sigue siendo la misma. La
retención de la vivencia en la reflexión impide que la vivencia del miedo sea
arrastrada por el torrente de vivencias de la conciencia.
La reflexión fenomenológica del
miedo se caracteriza porque pone entre paréntesis todas las vivencias fruto de
la actitud natural, toda racionalización, toda apreciación y sentimientos hasta
llegar a la evidencia originaria de la intuición del miedo con el fin de
reconstruir una significación subjetiva de dicha experiencia.
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