lunes, 26 de octubre de 2015

CONVIVENCIA HUMANA VISTA DESDE UNA PERSPECTIVA ONTICA DE LA EDUCACION



AUTORA: LICDA. SUSANA SAYEGH
DOCTORANTE – UNERG                 
POSTGRADO CIENCIAS DE LA EDUCACION-AULA TERRITORIAL ALTAGRACIA DE ORITUCO

     Es necesaria la búsqueda de nuevas acciones, de respuestas planificadas y coordinadas, que pudieran vertebrar y potenciar uno de los fines tradicionalmente prioritarios de todo sistema educativo: contribuir a la construcción de una comunidad democrática, formada por ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones. Como en todas las dimensiones de la vida humana, la construcción de ciudadanía para el trabajo en convivencia supone reforzar el vínculo y el intercambio entre generaciones, rompiendo los círculos cerrados del aislamiento e incomunicación, que impiden el proceso de transmisión de conocimiento. 
     En toda sociedad, el proceso de transmisión de saberes enlaza la experiencia de las generaciones anteriores con las venideras y el conflicto escolar muchas veces está en el origen de la imposibilidad de llevar a cabo esta transmisión. De ahí la importancia estratégica de su tratamiento, que se suma a una visión política que define la violencia como la peor forma de relacionamiento de los seres humanos e identifica en los ámbitos  educativos como los primeros espacios de formación de ciudadanía y construcción de colectivos.
     En las últimas décadas, el rezago, la desafiliación, las diferencias en los aprendizajes, la repetición, junto con los problemas de violencia y convivencia se han instalado en nuestro sistema educativo, cuestionando de esta manera sus posibilidades de otras épocas. Sólo a partir de una convivencia saludable en los centros educativos podía pensarse en revertir esta situación. Desde esta mirada los jóvenes se encuentran, actualmente, en el centro de una fragmentación del tejido social que implica modificaciones en la relación educación-sociedad, en la pobreza y exclusión que experimentan, la violencia de la que son víctimas y protagonistas, la falta de empleo formal, también modificaciones importantes en las relaciones generacionales, familiares y de género.
     Desde este lugar, resulta  imperativo mirar a la interna de nuestras instituciones, para revisar también nuestra práctica de la rutina escolar, buscando nuevas formas de relacionamiento entre adultos y jóvenes, facilitadoras de espacios de diálogo, de intercambios a través de la palabra, capaces de ir desarrollando otra cultura de convivencia que, desde nuestro espacio educativo, se amplifique a toda la  sociedad.
     De manera que, accionar y replantear hacia educar para la convivencia es una tarea prometedora, basada en una filosofía alternativa que supone mirar los centros educativos así como sus prácticas, superando las reacciones inmediatas e irreflexivas. Es hora  de asumir el conflicto como una dimensión constitutiva de las relaciones humanas, proponerse desde esa posición un trabajo educativo de forma tal que podamos aquilatar lo que todos y todas tienen para aportar en la construcción común de una mejor convivencia para nuestra sociedad y nuestro sistema educativo.

  Cada paso anterior deja una huella...
                          que lejos de borrarse se incorpora...”                                                                                                                                                              SSayegh.

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