lunes, 26 de octubre de 2015

EL BUCLE RECURSIVO DOCENTE COMO ARCHÉ PRÁXICO EDUCTIVO

L
a episteme genésica para concebir la auto-organización como unidad sistémica compleja, tiene su alumbramiento en los planteamientos esgrimido por Edgar Morín en su libro “Naturaleza de la naturaleza” cuando esboza el concepto bucle recursivo como esencial para comprender la complejidad sistémica de todo lo humano.
A manera de vislumbrar el bucle recursivo docente es pertinente acota que Morín elucida la recursividad como un proceso donde los efectos o productos son al mismo tiempo causantes y productores. Mientras que el término bucle proviene de la conceptualización de los circuitos que lo enriquece con los aportes de la cibernética sobre la retroacción para mostrárnoslo como un proceso organizador en interacción permanente cogito-praxis que se nutre de los flujos externos o contexto.
Es así pues que, un docente como uno de los elementos sentado alrededor de una mesa redonda  llamada humanización allí donde confluyen también el aprendiz, la familia, la sociedad y que está construida por la cultura, entendida esta como un conjunto de saberes, saber-hacer, reglas, valores, ritos, y todo aquello que sea adquirido y que se ha perpetuado  de generación en generación como patrimonio cognitivo, técnico y mitológico no innato. Debe en su noosfera capitalizar todo esto a manera del espíritu del valle canalizándolo en el proceso de educación como un acto de amor y entrega entablando un diálogo con el discente que le oriente en su naturaleza investigadora, sin manipular ni domesticarlo, el camino del conocimiento que se le será más entendible cuando lo adquiera relacionándolo con su estructura de pensamiento, idiosincrasia, como una forma de emanciparse  de los aprendizajes implantados a través de la memorización de contenidos que en la actualiza se lleva a cabo.
En este orden de ideas es imperativo que el docente recurra al arché de su aprendizaje, al bagaje de su cultural, que moldean su personalidad, para que acepte la rebeldía ante lo impuesto y respete las diferencias entre los estudiantes pues no se humaniza en silencio ni en pasividad, sino en el verbo y la acción.
Para concluir un docente actualizado tiene que despojarse del pensamiento reduccionista, unificador, polarizante, etiquetador, disciplinario y reemplazarlo por otro que  considere al educando como un ser integral con una realidad diferente, transdisciplinario para que en la rueda de la vida que él va a recorrer no tan solo transforme su entorno sino que también ocurra en él una metamorfosis donde: valores sus talentos, reconozca sus deficiencias y fortalezas, considere lo limitado que como especie somos los humanos, contextualiza su aprendizaje y acreciente el sentido de pertenencia a este mundo donde todo afecta a toso y así nos afectamos también.

Doctorante: Evert Camacho


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