Identidad Resiliente del
Niño Arañero: Desde una Reflexión Educativa
Autora:
Vitalia Ferrer
Doctorado:
Ciencias de Educación
U.N.E.R.G
Aula
Territorial Altagracia de Orituco.
El presente
artículo, se centra en estudiar los procesos educativos por los que las
personas en situaciones de fuertes desventajas
sociales, económicas, culturales, educativas y hasta jurídica se han
enfrentado para dar un cambio significativo a su vida y luchar por una
existencia de dignidad humana que lo conduzca hacia la felicidad, máxima
ambición de todo ser humano, siendo mi fuente de inspiración las experiencias
del niño arañero que vivió los azotes de la exclusión y desigualdades sociales
en la Venezuela rural de los años 60. Es desde el pensamiento resiliente de
Hugo Chávez Frías (1997), que se evoca a sus vivencias infantiles para la
comprensión de su compleja realidad: “… mis ojos vieron lo que un niño no
debería presenciar, pobreza extrema, exclusión escolar, niños y niñas en
situación de calle sin hogares para abrigarse, donde el hambre desfiguraba su
semblante dentro de una casa de bahareque… donde la élite era privilegiada y el
pobre pasaba necesidades. Allí en esa Venezuela rural, muchachitos y
tripochitos se convertían en vendedores de empanadas, de lechozas y hortalizas,
así como Yo, que desde chiquito vendí las arañitas de lechoza de mi abuela Rosa
Inés. Sí, había que trabajar muy duro. Así viví mi infancia rodeada de personas
con desventajas sociales, sin la ilusión y la esperanza de un mundo mejor”. Desde
esta simbiosis social, intersubjetiva emerge la identidad resiliente de este
ser, que se convirtió en gestor de la Resiliencia humana en Venezuela.
En este
discurso, impregnada de subjetividad, sensibilidad, emotividad, empatía, me ha
brindado luces para la construcción ontológica de este estudio donde el
conocimiento emerge de los actos humanos, desde las voces de estudiantes que
viven, día a día, un mundo incierto, frágil, vulnerable, de familias
multiproblemáticas. Sin embargo, desde su ser y conciencia han llagado a
desarrollar identidades resilientes, como aquel niño arañero que dejo huellas en
la historia contemporánea de Venezuela.
Como postura epistémica para este estudio,
he adoptado el paradigma pospositivista Interpretativo, para desplegar una
metodología fenomenológica hermenéutica que me permitirá revelar la identidad resiliente de niños y niñas en
el contexto de la Educación Bolivariana. De igual forma, la fundamentación
filosófica de este trabajo se va tejiendo con los postulados de la filosofía de
Husserl, Van Manen y Gadamer, que enrumbaran los horizontes epistémicos,
científicos y la rigurosidad de esta investigación cualitativa. Asimismo, su
dimensión axiológica cobrara fuerza del “Yo social”, “Yo individual”, y del “Yo
simbólico cultural”, que será revelado a través de los testimonios y narrativa
de los estudiantes con conciencia resiliente, además de la simbiosis o estrecha
relación que genera en ellos, las vivencias de aquel niño arañero. Es importante señalar, que desde la postura
filosófica de Van Manen señala que un ser con identidad resiliente, es una
persona que ha sufrido adversidades; y ha recibido de su contexto histórico,
social y cultural vínculos de afecto, amor y esperanza, para salir airoso de
ella.
El
constructo Resiliencia, ha sido acobijado por las ciencias de la educación,
nutriendo su semántica literaria de las disciplinas de la sociología,
psicología, ecopedagogía, antropología y neurociencia. Desde esta mirada
transdisciplinaria se interpreta que la
identidad resiliente es la vinculación del “Yo” con el sistema simbólico
cultural que rodea aquel individuo para desarrollar en él potencialidades
metacognitiva, pensamiento heurístico y complejo, con un alto nivel espiritual,
que le posibilita herramientas para ser felices en la vida. Fue así, como desde
aquel vinculo de bondad, generosidad y gratitud, que el niño arañero forjo y desarrolló
su identidad resiliente, donde su abuela Rosa Inés y sus padres, enriquecieron
su espiritualidad y subjetividad.
Cabe
señalar, desde hace 15 años se implemento la educación bolivariana en
Venezuela, con el propósito de brindar una educación integral y de calidad a
niños y niñas de esta patria. No obstante, estudios abordados por la UNICEF
(2014), reflejan que es rutinario ver niños y niñas abandonar sus escuelas
rurales, por tener que trabajar en faenas del campo, son hijos de agricultores
analfabetas y de familias de escasos recursos económicos. A estos muchachos, la escuela los hace
invisibles, por lo general, se sientan siempre, en el ultimo pupitre, sólo reciben
frases como “hoy tampoco trajiste tu tarea”, “vas a volver a reprobar”. Son
niños que nunca participan en actividades culturales, ni reciben la mirada
tierna de un docente que se preocupen por ellos.
De allí, mi
gran inquietud: ¿Cómo emerge la identidad resiliente en estudiantes sumergidos
en contextos de adversidades socioculturales, económicas y jurídicas?, ¿Cómo configurar
la identidad resiliente desde el contexto de la educación bolivariana?
Desde mi
perspectiva, como investigadora de identidad resiliente, las escuelas aclaman
docentes de gestionar valores de resiliencia humana, capaces de evolucionar su
conciencia para brindar esperanza. Maestros y maestras amorosos que eduquen su
mirada desde el corazón, para penetrar las dimensiones humanas de aquel
estudiante que está en situación de adversidades con el propósito de fortalecer
su autoestima, la motivación, creatividad, humor. Convertir las aulas en
ambientes lúdicos, emancipadores y dignos donde se aprecie un mágico escenario
pedagógico, para reencantar la didáctica escolar. Una escuela donde se escuche
frases amigables y tiernas que permitan estrechar vínculos afectivos entre la
familia, escuela y comunidad.

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