LA EDUCACIÓN DE AYER Y EDUCACIÓN DE
HOY
(Dos visiones de una misma realidad)
Doctorando: María Inmaculada Cimino
Repilloza
Mucho se ha
hecho y escrito acerca del quehacer docente y de las acciones que éste debe
emprender al realizar sus tareas educativas y por eso hoy disponemos de la
implementación de métodos sistematizados y estrategias que hacen posible la
facilitación del aprendizaje. Así recordamos el tradicional sistema
de la cátedra, donde el docente “dictaba literalmente el conocimiento y lo
colocamos de cara con el proceder actual, en el cual se dispone de métodos en
los cuales la tecnología ha generado novedosas modalidades educativas. Hoy, por
ejemplo, existe la educación a distancia, por vía de la internet o a través de
circuitos de televisión vía satélite, lo cual ha revolucionado la educación.
Lo hasta ahora
referido constituyen temas de discusión, análisis e investigación para la
educación y sus procesos; sin embargo, pese a las innovadoras modalidades
didácticas y las tecnologías educativas desarrolladas, el docente sigue siendo
uno de los actores principales para el proceso educativo. El maestro emerge
ahora con una significación distinta a la de jefe de su cátedra; ahora es un
guía, un mediador del aprendizaje, lo cual infiere positivamente en la
formación integral del educando, quien sigue siendo el centro del proceso.
El maestro
moderno, ya no puede seguir siendo visto como el auténtico poseedor del
conocimiento. Ahora su atención, más allá de facilitar el conocimiento, se
centra también en la formación del carácter y la personalidad del ser humano
que atiende a su ejemplo formativo. Ahora, el maestro y el estudiante están en
una relación lineal, desde la cual procuran aprender el uno del otro, asumiendo
sus roles en el marco del respeto mutuo y la consideración que a ambos le
ofrece la comunicación como recurso para la interrelación y su convivencia. El
medio social los ubica como complementarios el uno del otro, otorgándole al
docente la responsabilidad de mediar para que el estudiante, como sujeto que
necesita del conocimiento, lo construya desde las herramientas, recursos,
habilidades que el maestro le ayuda a desarrollar. Por lo tanto entendiendo al
docente como un sujeto cognoscente, debe procurar y hacer posible que el
conocimiento llegue a quien lo necesita.
El maestro debe
ser por lo tanto una persona que cumpla con el perfil necesario para ello. A
diario reflexiona sobre su hacer para mejorarlo y progresivamente auto
transformarse; se interesa por las necesidades de sus estudiantes porque ellos
requieren de atención desde sus necesidades personales y grupales. El docente
se las ingenia, utiliza su conocimiento para generar las estrategias más
idóneas para incentivar y facilitar el aprendizaje.
El docente de
hoy, debe estar atento cuando se presenta a diario la desmotivación en clases,
cuando está presente la apatía y el desgano en el estudiante, para asumir
acciones efectivas que den al traste con ellas. Se hace conciente de los
problemas en el aula y los que dificultan el aprendizaje para resolverlos y en
consecuencia se hace parte de esa construcción de saberes, para la cual se
integran todos los actores educativos en perfecta armonía con su entorno
natural y social.
En contraste a
este docente que se espera colme nuestras aulas de clase, aún se observan otros
que, en la realidad cotidiana, se muestran indiferentes a la necesidad de
cambio y obstinadamente siguen apegados al obsoleto modelo educativo
tradicional, colocando de lado esa faceta creativa e ilustradora de guía
modelador que facilita y hace posible el aprendizaje significativo que debe
internalizar el estudiantes de acuerdo con su voluntario esfuerzo y en
consideración a ese contexto social - comunitario donde se desarrolla y se
desenvuelve.
El contraste
entre ambos perfiles se ha convertido en un verdadero barullo dentro de los
espacios educativos y un aspecto de notorio interés para quienes investigan en
la diversidad de realidades educativas. La prevalencia del modelo tradicional
solo es factor de desmotivación en los estudiantes y una limitación incluso
para el desarrollo de su autonomía como persona que se desarrolla y busca
conocimiento.
Esa actitud ha
traído consecuencias negativas para el logro de un efectivo aprendizaje
significativo en los estudiantes y en ese sentido, considero importante
destacar que aun se percibe en los profesores un discurso limitado, a
veces descontextualizado entre su vivir cotidiano con lo académico, fomentando
por efecto la deserción escolar e incrementando el bajo rendimiento académico
en los estudiantes y el desgano de estos para con el desarrollo de las
actividades diarias dentro y fuera del aula.
Al respecto, uno
de los planteamientos más trascendentales, corresponde al hecho que
frecuentemente explican padres y representantes, quienes expresan que sus
representados llegan al hogar desmotivados, sin interés por sus actividades de
formación académica; es decir; no se aprecia que exista empatía entre los
docentes y la esencia de las necesidades primarias de los educandos, las
formalidades del currículo y la forma como los docentes aplican sus estrategias
para facilitar el aprendizaje de los estudiantes.
Pero si esto es
cierto, también los es que debemos abogar por que esto no continúe sucediendo.
Desde nuestro espacio, debemos colaborar con quien vemos que lo necesita y con
toda responsabilidad es nuestro deber coadyuvar para que se concientice al
respecto del tiempo y momento en el cual se vive. Desde nuestra tribuna debemos
colaborar para que aquellos aún no identificados con las transformaciones
educativas necesarias, reflexionen sobre su hacer y comiencen a procurar su
adaptación a las exigencias de la educación moderna.
Por lo tanto, es
el momento de los colectivos (socialización de los docentes), en la cual debe
pensarse y actuar para la transformación; unos ayudando a los otros, comenzando
por hacer esa necesaria revisión interpersonal que dan significativa
cualidad a sus actitudes y aptitudes como formador de hombres en el contexto de
la educación. Es preciso escuchar el llamado que se nos hace desde los
organismos que buscan mejorar la educación y desde los niños que están bajo
nuestra responsabilidad para formarse y educarse.
Debemos estar
conscientes que toda innovación debe producir un cambio,
pero también tomar en cuenta que hacer cambios no significa
precisamente que estemos innovando. El problema específicamente en la
docencia es que las innovaciones existen (pizarras digitales, PC, proyectores,
software, entre otros), así como también las bases teóricas, pero
en algún momento nos falta la capacidad para integrar estas dos cosas
con nuestro mundo interno y caemos en el error de pensar que por estar
utilizando las tecnologías ya estamos innovando.
Como docente en
ejercicio pienso que con la consulta por la calidad educativa, se persigue
mejorar las actividades que habitualmente hacemos, también para
adaptarnos a una situación de cambio o para hacer algo que antes
no podíamos; es decir; hacerlo con el propósito de
que el estudiante aprenda realizando actividades que en algún momento tendrá
que desempeñar en la “vida real”. El aprendizaje debe ser práctico y
sistematizador; integrador en todo sentido, por lo tanto es preciso ir
erradicando progresivamente las evaluaciones donde se tiene que memorizar para
responder preguntas. En ése mismo orden de ideas un profesor no es solo un
transmisor de información sino más bien un amigo para el estudiante, con quien
se intercambia saberes para aprender a aplicar el conocimiento en la solución
de problemas reales y la ampliación del pensamiento crítico tal cual lo exige
nuestro Currículo Bolivariano
No hay comentarios.:
Publicar un comentario