viernes, 30 de octubre de 2015

EDUCACION




LA EDUCACIÓN DE AYER Y EDUCACIÓN DE HOY
 (Dos visiones de una misma realidad)
Doctorando: María Inmaculada Cimino Repilloza
Mucho se ha hecho y escrito acerca del quehacer docente y de las acciones que éste debe emprender al realizar sus tareas educativas y por eso hoy disponemos de la implementación de métodos sistematizados y estrategias que hacen posible la facilitación  del aprendizaje. Así recordamos el tradicional sistema de la cátedra, donde el docente “dictaba literalmente el conocimiento y lo colocamos de cara con el proceder actual, en el cual se dispone de métodos en los cuales la tecnología ha generado novedosas modalidades educativas. Hoy, por ejemplo, existe la educación a distancia, por vía de la internet o a través de circuitos de televisión vía satélite, lo cual ha revolucionado la educación.
Lo hasta ahora referido constituyen temas de discusión, análisis e investigación para la educación y sus procesos; sin embargo, pese a las innovadoras modalidades didácticas y las tecnologías educativas desarrolladas, el docente sigue siendo uno de los actores principales para el proceso educativo. El maestro emerge ahora con una significación distinta a la de jefe de su cátedra; ahora es un guía, un mediador del aprendizaje, lo cual infiere positivamente en la formación integral del educando, quien sigue siendo el centro del proceso.
El maestro moderno, ya no puede seguir siendo visto como el auténtico poseedor del conocimiento. Ahora su atención, más allá de facilitar el conocimiento, se centra también en la formación del carácter y la personalidad del ser humano que atiende a su ejemplo formativo. Ahora, el maestro y el estudiante están en una relación lineal, desde la cual procuran aprender el uno del otro, asumiendo sus roles en el marco del respeto mutuo y la consideración que a ambos le ofrece la comunicación como recurso para la interrelación y su convivencia. El medio social los ubica como complementarios el uno del otro, otorgándole al docente la responsabilidad de mediar para que el estudiante, como sujeto que necesita del conocimiento, lo construya desde las herramientas, recursos, habilidades que el maestro le ayuda a desarrollar. Por lo tanto entendiendo al docente como un sujeto cognoscente, debe procurar y hacer posible que el conocimiento llegue a quien lo necesita.
El maestro debe ser por lo tanto una persona que cumpla con el perfil necesario para ello. A diario reflexiona sobre su hacer para mejorarlo y progresivamente auto transformarse; se interesa por las necesidades de sus estudiantes porque ellos requieren de atención desde sus necesidades personales y grupales. El docente se las ingenia, utiliza su conocimiento para generar las estrategias más idóneas para incentivar y facilitar el aprendizaje.
El docente de hoy, debe estar atento cuando se presenta a diario la desmotivación en clases, cuando está presente la apatía y el desgano en el estudiante, para asumir acciones efectivas que den al traste con ellas. Se hace conciente de los problemas en el aula y los que dificultan el aprendizaje para resolverlos y en consecuencia se hace parte de esa construcción de saberes, para la cual se integran todos los actores educativos en perfecta armonía con su entorno natural y social.
En contraste a este docente que se espera colme nuestras aulas de clase, aún se observan otros que, en la realidad cotidiana, se muestran indiferentes a la necesidad de cambio y obstinadamente siguen apegados al obsoleto modelo educativo tradicional, colocando de lado esa faceta creativa e ilustradora de guía modelador que facilita y hace posible el aprendizaje significativo que debe internalizar el estudiantes de acuerdo con su voluntario esfuerzo y en consideración a ese contexto social - comunitario donde se desarrolla y se desenvuelve.
El contraste entre ambos perfiles se ha convertido en un verdadero barullo dentro de los espacios educativos y un aspecto de notorio interés para quienes investigan en la diversidad de realidades educativas. La prevalencia del modelo tradicional solo es factor de desmotivación en los estudiantes y una limitación incluso para el desarrollo de su autonomía como persona que se desarrolla y busca conocimiento.
Esa actitud ha traído consecuencias negativas para el logro de un efectivo aprendizaje significativo en los estudiantes y en ese sentido, considero importante destacar que aun se percibe en los profesores un discurso limitado, a veces descontextualizado entre su vivir cotidiano con lo académico, fomentando por efecto la deserción escolar e incrementando el bajo rendimiento académico en los estudiantes y el desgano de estos para con el desarrollo de las actividades diarias dentro y fuera del aula.
Al respecto, uno de los planteamientos más trascendentales, corresponde al hecho que frecuentemente explican padres y representantes, quienes expresan que sus representados llegan al hogar desmotivados, sin interés por sus actividades de formación académica; es decir; no se aprecia que exista empatía entre los docentes y la esencia de las necesidades primarias de los educandos, las formalidades del currículo y la forma como los docentes aplican sus estrategias para facilitar el aprendizaje de los estudiantes.
Pero si esto es cierto, también los es que debemos abogar por que esto no continúe sucediendo. Desde nuestro espacio, debemos colaborar con quien vemos que lo necesita y con toda responsabilidad es nuestro deber coadyuvar para que se concientice al respecto del tiempo y momento en el cual se vive. Desde nuestra tribuna debemos colaborar para que aquellos aún no identificados con las transformaciones educativas necesarias, reflexionen sobre su hacer y comiencen a procurar su adaptación a las exigencias de la educación moderna.
Por lo tanto, es el momento de los colectivos (socialización de los docentes), en la cual debe pensarse y actuar para la transformación; unos ayudando a los otros, comenzando por hacer esa necesaria revisión interpersonal que dan significativa cualidad a sus actitudes y aptitudes como formador de hombres en el contexto de la educación. Es preciso escuchar el llamado que se nos hace desde los organismos que buscan mejorar la educación y desde los niños que están bajo nuestra responsabilidad para formarse y educarse.
Debemos estar conscientes que toda innovación debe producir un cambio, pero también tomar en cuenta que hacer cambios no significa precisamente que estemos innovando. El problema específicamente en la docencia es que las innovaciones existen (pizarras digitales, PC, proyectores, software, entre otros), así como también las bases teóricas, pero en algún momento nos falta la capacidad para integrar estas dos cosas con nuestro mundo interno y caemos en el error de pensar que por estar utilizando las tecnologías ya estamos innovando.
Como docente en ejercicio pienso que con la consulta por la calidad educativa, se persigue mejorar las actividades que habitualmente hacemos, también para adaptarnos a una situación de cambio o para hacer algo que antes no podíamos; es decir;  hacerlo con el propósito de que el estudiante aprenda realizando actividades que en algún momento tendrá que desempeñar en la “vida real”. El aprendizaje debe ser práctico y sistematizador; integrador en todo sentido, por lo tanto es preciso ir erradicando progresivamente las evaluaciones donde se tiene que memorizar para responder preguntas. En ése mismo orden de ideas un profesor no es solo un transmisor de información sino más bien un amigo para el estudiante, con quien se intercambia saberes para aprender a aplicar el conocimiento en la solución de problemas reales y la ampliación del pensamiento crítico tal cual lo exige nuestro Currículo Bolivariano


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