Es interesante realizar una panorámica
de las experiencias y motivaciones que muchas veces traen consigo, los
estudiantes en sus años de estudios anteriores al ingreso a la universidad
donde algunos de ellos como exigencia en
los programas de estudio, realizan proyectos de investigación, así como las tareas
individuales y sociales como actividad intencional que requiere un plan de
trabajo en base a su propia realidad;
esto permite que dichos estudiantes despierten la iniciativa en este campo, así
como ese afán de investigar, desarrollar
la creatividad, la responsabilidad, el
deseo de autorealización, posibilitando así el desarrollo del pensamiento
divergente, entendido este como aquel que favorece la diversidad de soluciones
y problemas en contextos específicos. Sin duda alguna que estas actividades se
constituyen en los primeros pasos en la formación investigativa que
posteriormente cultivará el estudiante
para perfilar este proceso de acuerdo a
sus propios intereses dentro de la
universidad.
Reconociendo que cada estudiante
universitario es único y que se rodea de circunstancias diversas en su
formación integral, nosotros los educadores nos encontramos con un gran reto;
cuando de investigación se trata; el despertar y contribuir con amor y
conocimiento en el día a día del estudiante el hacer investigativo. Lo planteo como reto porque
para cumplir con ese noble propósito debemos poseer ciertas características
como lo son: ser unos investigadores activos, actualizados, con una visión amplia y motivados a investigar
en una realidad tan cambiante donde los intereses económicos y los aspectos
básicos de subsistencia están a la orden del día. De allí me
surgen las siguientes interrogantes ¿los
docentes universitarios somos investigadores por excelencia? o ¿sólo
investigamos en nuestra cotidianidad para un trabajo de ascenso? Revelar estos enigmas nos lleva a considerar
la formación académica de los docentes universitarios como un asunto
prioritario de promover.
Los diversos elementos que se integran
en el proceso investigativo del estudiante universitario me permiten afirmar
que no existe receta para investigar, por que para mi es algo tan particular en
las personas que me atrevo a decir que en cada investigación queda ese bagaje
cultural del investigador y toda su visión incluso del mundo. De allí que el
contexto donde se investiga, habla por sí mismo y permite que se tome lo que
para el investigador, es significativo de emprender, de estudiar o de crear. Así,
pienso que el estudiante universitario debe echar mano de todo ese entramado de
percepciones de su entorno que se
tiene para crecer como investigador y
lograr las metas que se proponga.
Por otra parte las directrices del
Ministerio de Educación Universitaria (2005) apuntan hacia la formación de un
nuevo profesional que en su dimensión filosófica comprenda: La formación
humanística e integral del participante como elemento axial. La integración
armónica del conocimiento teórico con el práctico a lo largo de los trayectos
de formación. Saber y hacer consustanciado de manera sinérgica y
contextualizada. La interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad para
promover conocimientos más complejos de la realidad como vías hacia la
transdisciplinariedad y la formación por competencias del profesional universitario
para colocar sus saberes científicos, tecnológicos y técnicos al servicio del
colectivo y de la localidad en función de la productividad, lo cual implica la
atención sostenida de las dimensiones éticas, estéticas, sociales, culturales,
ambientales y económicas de su ejercicio. Esto se ubica en deber ser pero la
realidad de los docentes universitarios es difícil, y se requiere de mucha
constancia ante tantos cambios en la sociedad venezolana.
Finalmente luego de estas serie de
argumentos sostengo que la investigación
debe ser un proceso que articule las competencias necesarias para acceder a la
formación integral y profesional con pertinencia social a las necesidades que
requiere la sociedad, desde la cotidianidad y la multireferencialidad educativa, pensando en una
reorientación del currículo, desde el
inicio de la carrera universitaria, a través de las distintas asignaturas que
permitan el despliegue por medio de los programas de estudio de un discurso investigativo para que los
estudiantes, se apropien de este hacer y saber asumiendo los retos y
adversidades, con conocimientos, responsabilidad y ética, que por lo demás,
serán el norte para situarse ante las
exigencias de las diversas visiones del conocimiento del mundo actual.
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