EMOCIONALIDAD
Y PRAXIS PEDAGÓGICA DESDE LA ONTOLOGÍA DEL SER EN EL CONTEXTO DE LA
EDUCACIÓN
Autora:
MSc. Nurvelis Marrero
Doctorante
UNERG-Aula Territorial Altagracia de Orituco
Cohorte
I-Semestre III
El estudio de los aspectos emocionales y
su relación con las organizaciones humanas entre ellas las que se despliegan
del tejido institucional imbricado en los centros educativos, no es nuevo, aunque sí lo es la relevancia y
reconocimiento que ha adquirido en los últimos años debido a la variada gama de
vivencias y experiencias inherentes al colorido arcoíris dibujado en el lienzo
de la cotidianidad inmersa en la práctica pedagógica, donde ineludiblemente se
pone de manifiesto la educación emocional como fuente inspiradora de donde
brotan las más sentidas expresiones de amor, dedicación, esmero, entrega y
vocación de los docentes.
Desde mi perspectiva, pienso que la
educación emocional es una innovación educativa que responde a necesidades
sociales no atendidas que inclusive tienen su arraigo en el seno familiar. La
fundamentación de esta aseveración que trato de explicitar de la categoría
emoción tiene su basamento en las teorías de la emoción, la neurociencia, la
teoría de las inteligencias múltiples,
la inteligencia emocional, el fluir, los movimientos de renovación pedagógica, la educación psicológica, las
habilidades sociales, las
investigaciones sobre el bienestar subjetivo y la pedagogía cognitiva y
del amor.
Como es visto, la literatura que redunda
sobre esta temática es muy variada, por lo que me atrevo a exponer de forma muy
acertada que el objetivo de la educación emocional es el desarrollo de
competencias emocionales: conciencia emocional, regulación emocional,
autogestión, inteligencia interpersonal, habilidades de vida y bienestar y por
supuesto de calidad de vida. Es por ello, que desde la práctica pedagógica se
hace necesario contar con docentes debidamente formados que rasguen las
vestiduras de la añeja forma de enseñar conocida como educación tradicional.
Visto así, se trata de una educación
donde las emociones penetren en
la formación del hombre en esta contemporaneidad y se recree la
existencia del ser como la parte esencial de la vida humana rubricada por
estados de ánimos traducidos en gestos, actitudes y otras formas de expresión
donde la educación juega un papel preponderante por lo tanto, es importante
resaltar que en el docente la vocación es una búsqueda de hacer lo que nos
gusta, nos atrae y nos complementa para desarrollarnos como seres humanos
llenos de virtudes y destrezas que son parte de nuestras vidas, pues ellas son
herramientas que nos conducen al buen vivir y al buen saber, lo cual guarda estrecha
relación con las emociones.
En tal sentido, las competencias
emocionales en el quehacer educativo serían la punta de lanza para aparcar ese
conocimiento atomizado, memorístico y parcelado característico de la ortodoxia
educativa donde el estudiante estaba obligado a actuar y responder como una
máquina, y como un individuo vacío, aquella que Paulo Freire (1987) llamaba
“Educación bancaria” (s/p). Entendiéndose el trato al estudiante tal como una
máquina, un ser inerte, sin sentimientos, vivencias y emociones lo cual le
impedía las relaciones de grupo y sentirse bien consigo mismo, además éste era
considerado como una tabla rasa o una hoja en blanco donde se escriben los
aprendizajes o comportamientos sin importar la condición humana del mismo, y es
que ella niega la posibilidad de reconocerlo como un ser pensante, afectivo y
emotivo, en ese contexto quien tenía el conocimiento, dominio y conducción de
la clase era el maestro.
En
este mismo orden de ideas, se desplegó por mucho tiempo una disciplinariedad metódica
materializada en las prácticas pedagógicas homogeneizadoras características de
la educación de fines del siglo pasado y que aún quedan vestigios de esa
vetusta manera de accionar del maestro. Por lo tanto, es posible afirmar que la
educación tradicional enclaustró el conocimiento por encima de las emociones
generando una resistencia al cambio a una educación más humanizada y afectiva.
Los constructos complejos, como la
educación emocional o la emocionalidad pedagógica, no pueden describirse en una
definición breve. Es un marco amplio lo que permite su conceptualización. Así
que teniendo esto presente, me atreveré a describir la teorética de la
educación emocional como el proceso educativo, continuo y permanente, que
pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del
desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del
desarrollo de la personalidad integral. Además, se complementa con el desarrollo de
conocimientos y habilidades sobre las emociones con la esencia de ilustrar y apoyar
a la persona para afrontar los retos que se plantean en la vida cotidiana con
la finalidad de aumentar el bienestar personal y social.
Al hilo de lo dicho hasta ahora, surgen
las siguientes interrogantes:
¿Cómo es la emocionalidad respecto a la
praxis pedagógica en los estudiantes en el contexto de la educación? ¿Cómo se
podría generar un fractal teórico que integre la emocionalidad y la praxis pedagógica desde la
ontología del ser en el contexto de la educación?
La búsqueda sistemática y rigurosa
de respuestas a tales inquietudes, pretende completar este vacío teórico, por
lo tanto; mi teleología en el desarrollo de la investigación tiene como
propósito: Generar un fractal teórico que integre la emocionalidad y la praxis pedagógica desde la
ontología del ser en el contexto de la educación.
Cabe
acotar, desde mi perspectiva como investigadora que asumo como postura epistémica la complejidad,
definida por Morín (1996) “como un
tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones y
azares que constituyen nuestro mundo fenoménico” (p.32), para lo cual parto del
método fenomenológico hermenéutico. Entonces, para captar toda la realidad que
se presenta en la complejidad del sistema de relaciones interconectadas entre
la emocionalidad y la praxis pedagógica desde la ontología del ser en el Liceo Nocturno “Pedro María Arévalo”,
adscrito al Municipio Escolar 5, parroquia Altagracia de Orituco del estado
Guárico, que se forma y transforma en la actualidad, se requiere apostar por un modelo de pensamiento
que trascienda los limites estructuradores de realidades disciplinares.
Finalmente,
dejo mi pensamiento cargado de emotividad: Maestro,
forma para la vida, con amor y dedicación haciendo de tu práctica una morada de
felicidad y de tus estudiantes, seres únicos preparados para la vida, que amen
todo lo que hagan y construyan caminos de simpatía, dibujen bosques de ternura
y toquen las más bellas sinfonías de paz.
Nurvelis
Marrero (2015)

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