viernes, 30 de octubre de 2015

EMOCIONALIDAD




EMOCIONALIDAD Y PRAXIS PEDAGÓGICA DESDE LA ONTOLOGÍA DEL SER EN EL CONTEXTO DE LA EDUCACIÓN

Autora: MSc. Nurvelis Marrero
Doctorante UNERG-Aula Territorial Altagracia de Orituco
Cohorte I-Semestre III
El estudio de los aspectos emocionales y su relación con las organizaciones humanas entre ellas las que se despliegan del tejido institucional imbricado en los centros educativos, no  es nuevo, aunque sí lo es la relevancia y reconocimiento que ha adquirido en los últimos años debido a la variada gama de vivencias y experiencias inherentes al colorido arcoíris dibujado en el lienzo de la cotidianidad inmersa en la práctica pedagógica, donde ineludiblemente se pone de manifiesto la educación emocional como fuente inspiradora de donde brotan las más sentidas expresiones de amor, dedicación, esmero, entrega y vocación de los docentes.
Desde mi perspectiva, pienso que la educación emocional es una innovación educativa que responde a necesidades sociales no atendidas que inclusive tienen su arraigo en el seno familiar. La fundamentación de esta aseveración que trato de explicitar de la categoría emoción tiene su basamento en las teorías de la emoción, la neurociencia, la teoría de las  inteligencias múltiples, la inteligencia emocional, el fluir, los movimientos de renovación  pedagógica, la educación psicológica, las habilidades sociales, las  investigaciones sobre el bienestar subjetivo y la pedagogía cognitiva y del amor.
Como es visto, la literatura que redunda sobre esta temática es muy variada, por lo que me atrevo a exponer de forma muy acertada que el objetivo de la educación emocional es el desarrollo de competencias emocionales: conciencia emocional, regulación emocional, autogestión, inteligencia interpersonal, habilidades de vida y bienestar y por supuesto de calidad de vida. Es por ello, que desde la práctica pedagógica se hace necesario contar con docentes debidamente formados que rasguen las vestiduras de la añeja forma de enseñar conocida como educación tradicional.
Visto así, se trata de una educación donde las emociones penetren en la formación del hombre en esta contemporaneidad y se recree la existencia del ser como la parte esencial de la vida humana rubricada por estados de ánimos traducidos en gestos, actitudes y otras formas de expresión donde la educación juega un papel preponderante por lo tanto, es importante resaltar que en el docente la vocación es una búsqueda de hacer lo que nos gusta, nos atrae y nos complementa para desarrollarnos como seres humanos llenos de virtudes y destrezas que son parte de nuestras vidas, pues ellas son herramientas que nos conducen al buen vivir y al buen saber, lo cual guarda estrecha relación con las emociones.
En tal sentido, las competencias emocionales en el quehacer educativo serían la punta de lanza para aparcar ese conocimiento atomizado, memorístico y parcelado característico de la ortodoxia educativa donde el estudiante estaba obligado a actuar y responder como una máquina, y como un individuo vacío, aquella que Paulo Freire (1987) llamaba “Educación bancaria” (s/p). Entendiéndose el trato al estudiante tal como una máquina, un ser inerte, sin sentimientos, vivencias y emociones lo cual le impedía las relaciones de grupo y sentirse bien consigo mismo, además éste era considerado como una tabla rasa o una hoja en blanco donde se escriben los aprendizajes o comportamientos sin importar la condición humana del mismo, y es que ella niega la posibilidad de reconocerlo como un ser pensante, afectivo y emotivo, en ese contexto quien tenía el conocimiento, dominio y conducción de la clase era el maestro.
 En este mismo orden de ideas, se desplegó por mucho tiempo una disciplinariedad metódica materializada en las prácticas pedagógicas homogeneizadoras características de la educación de fines del siglo pasado y que aún quedan vestigios de esa vetusta manera de accionar del maestro. Por lo tanto, es posible afirmar que la educación tradicional enclaustró el conocimiento por encima de las emociones generando una resistencia al cambio a una educación más humanizada y afectiva.
Los constructos complejos, como la educación emocional o la emocionalidad pedagógica, no pueden describirse en una definición breve. Es un marco amplio lo que permite su conceptualización. Así que teniendo esto presente, me atreveré a describir la teorética de la educación emocional como el proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral.  Además,  se complementa con el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con la esencia de ilustrar y apoyar a la persona para afrontar los retos que se plantean en la vida cotidiana con la finalidad de aumentar el bienestar personal y social.
Al hilo de lo dicho hasta ahora, surgen las siguientes interrogantes:
¿Cómo es la emocionalidad respecto a la praxis pedagógica en los estudiantes en el contexto de la educación? ¿Cómo se podría generar un fractal teórico que integre la  emocionalidad y la praxis pedagógica desde la ontología del ser en el contexto de la educación?
           La búsqueda sistemática y rigurosa de respuestas a tales inquietudes, pretende completar este vacío teórico, por lo tanto; mi teleología en el desarrollo de la investigación tiene como propósito: Generar un fractal teórico que integre la  emocionalidad y la praxis pedagógica desde la ontología del ser en el contexto de la educación.
  Cabe acotar, desde mi perspectiva como investigadora que  asumo como postura epistémica la complejidad, definida por Morín (1996) “como un tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones y azares que constituyen nuestro mundo fenoménico” (p.32), para lo cual parto del método fenomenológico hermenéutico. Entonces, para captar toda la realidad que se presenta en la complejidad del sistema de relaciones interconectadas entre la emocionalidad y la praxis pedagógica desde la ontología del ser en el  Liceo Nocturno “Pedro María Arévalo”, adscrito al Municipio Escolar 5, parroquia Altagracia de Orituco del estado Guárico,   que se forma y transforma  en la actualidad, se  requiere apostar por un modelo de pensamiento que trascienda los limites estructuradores de realidades disciplinares.
        Finalmente, dejo mi pensamiento cargado de emotividad: Maestro, forma para la vida, con amor y dedicación haciendo de tu práctica una morada de felicidad y de tus estudiantes, seres únicos preparados para la vida, que amen todo lo que hagan y construyan caminos de simpatía, dibujen bosques de ternura y toquen las más bellas sinfonías de paz.

Nurvelis Marrero (2015)
                                                                                                                      






No hay comentarios.:

Publicar un comentario